Silvina empujó la silla de ruedas de Alicia hasta la habitación para que se cambiara de ropa. En cuanto su madre salió de casa, Silvina de inmediato le dijo a su asistente:
—Vamos, vayamos al crematorio a verlo.
Tania y Camille la detuvieron al mismo tiempo:
—Silvina, ¿vas a ir a un lugar así…? ¿No temes que…?
Silvina, con el rostro sereno y la voz firme, respondió:
—¿Qué hay que temer? Por muy cruel que Ramiro haya sido conmigo, yo no puedo ser injusta con él. Tanto por afecto como por deber,