Cuando Silvina regresó a casa, descubrió que Leonel ya había vuelto.
—¿Dónde estuviste? —preguntó él con el ceño ligeramente fruncido al verla llegar con aspecto cansado.
—Yo... solo salí a caminar un rato —respondió Silvina, incapaz de confesar que había ido a renovar el alquiler de su antiguo departamento, así que soltó una mentira piadosa—. Como hoy no había nada que hacer, decidí salir un poco.
Leonel la miró de reojo con esos ojos alargados y profundos, brillando con un destello imposible