Capítulo 249 Nada que ocultar

Alicia, al ver el cambio en el rostro de Silvina, le sujetó con fuerza la mano y le dijo con urgencia:

—¡Silvina, me lo prometiste! No importa lo que escuches, ¡no te enojes! Todavía llevas un niño en tu vientre.

Silvina recobró la calma de inmediato, llevó la mano a su vientre y murmuró:

—Lo sé. Estoy bien.

Ahora entendía por qué, sin importar cuántas veces preguntara a Alicia, ella nunca le decía la verdad.

Porque esa verdad… era demasiado cruel.

Había sido abandonada desde antes de nacer.

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