Silvina no sabía que, apenas su coche se había alejado de la entrada, Leonel salió corriendo del despacho con la intención de alcanzarla.
Pero antes de llegar a la puerta, la voz dura de la Señora Muñoz retumbó a su espalda:
—Si quieres provocar la muerte de tu madre, entonces adelante, ve a buscarla.
Los pasos de Leonel se detuvieron en seco.
Permaneció inmóvil, respiró hondo y, con voz contenida, respondió:
—Entonces, madre, ¿me está diciendo que ha decidido ponerse en contra de su propio hij