Silvina había pensado en soltarse de la mano de Leonel para irse en el coche de Tania, pero ni siquiera le dio tiempo a reaccionar: en un abrir y cerrar de ojos, Leonel ya la había acomodado en el asiento de su automóvil.
Al levantar la vista, sus ojos se toparon con un pequeño adorno en el tablero.
Era el mismo que habían comprado juntos la última vez que salieron de compras.
Un objeto barato, apenas costaba unas decenas de dólares.
Pero allí estaba, en el interior de un coche que valía más de