Leonel había seguido detrás todo el camino: cuando Tania aceleraba, él aceleraba; cuando Tania frenaba, él también lo hacía.
Con coches de tan alto rendimiento y el talento al volante de Leonel, era imposible que Tania lo dejara atrás. Al final, no le quedó más remedio que permitirle seguirlas hasta el final.
Al llegar a la residencia de los Martínez, Silvina y Tania entraron directamente. Silvina se retiró a su habitación a descansar, mientras Leonel aparcaba a cierta distancia, sin moverse, o