Silvina dejó escapar un suspiro.
Después de asearse, salió del baño.
Al levantar la vista, vio que la cama ya estaba preparada: las sábanas perfectamente extendidas, la colcha levantada en una esquina, como si alguien la estuviera esperando para dormir.
—Te lo prometo, esta noche no haré nada… solo quiero abrazarte mientras duermes —dijo Leonel, alzando apenas sus ojos rasgados. Su ceño se frunció con una pizca de súplica y fragilidad; en sus pupilas brillaba un destello húmedo que hacía imposi