Al día siguiente, Silvina llevó a Alicia a experimentar la vida de aquel lugar exclusivo.
Alicia, al ver lo lujosa que era la decoración de la tienda, dudó de inmediato:
—Silvina, ¿de verdad vamos a entrar? ¡Un sitio tan bonito debe costar una fortuna!
—Mamá, ya te lo dije —respondió Silvina con una sonrisa—. Estas tarjetas de membresía ya están cargadas con dinero. Solo tenemos que disfrutar. Y si no alcanza, pues empeñamos el Land Rover, ¿no? —añadió en tono de broma—. Total, Leonel tiene tan