Alicia sintió la resistencia de Silvina y se detuvo de inmediato:
—Está bien, si no quieres escuchar, no digo más. Tienes razón, con que seas feliz es suficiente.
Silvina no respondió. Mantuvo la cabeza baja, escondiendo así su mirada.
Había pensado en su origen, claro que sí.
Pero eran cosas que no se atrevía a enfrentar.
Fuera cual fuera su verdadera identidad, solo le traería problemas y cadenas.
Ya había hecho su propio plan de vida: después de dar a luz a ese hijo, se marcharía lejos con s