Silvina sintió un dolor punzante en el pecho, tan intenso que cada poro de su cuerpo pareció cerrarse. La angustia era tan profunda que se desplomó de rodillas sin poder enderezarse.
Hasta ese instante, aún no podía creer lo que acababa de presenciar.
Le resultaba imposible aceptar que fuera real.
Tenía la esperanza de que todo aquello no fuera más que una pesadilla.
Sí, debía de ser un mal sueño.
Uno del que despertaría pronto, y entonces... todo volvería a ser como antes.
Ella y Wilson serían