—Señor Ruperto, parece que ha venido a buscarme por algo —Silvina sonrió levemente—. Pero creo que no hay nada en lo que yo pueda ayudarle.
Ruperto la miró fijamente, perdido durante un instante, antes de recuperar la compostura y bajar la mirada.
—Silvina, en ciertos aspectos todavía se parece mucho a Susana. Ah… disculpe, ¿puedo llamarla así?
—Ya lo ha hecho —respondió Silvina con una ligera risa.
Tras unos segundos de silencio, Ruperto habló suavemente:
—¿Puedo hacerle algunas preguntas indi