Al día siguiente, Silvina salió acompañada por el chofer, los guardaespaldas y su pequeña asistente.
Durante los días que había pasado en casa, Silvina no había hecho más que leer libros y regar las plantas, y así el tiempo había transcurrido rápidamente.
Pero para su asistente, aquella semana había sido un verdadero suplicio. Ahora que por fin podía salir, estaba tan feliz que apenas podía contenerse.
El chofer condujo directamente hasta el estacionamiento de aquel nuevo centro comercial.
Tal