—Podías entenderlo como que yo amaba hasta las sombras que te rodeaban. Porque tenías el mismo rostro y… las mismas costumbres que Susana, estaba dispuesto a ayudarte incondicionalmente. Era, de alguna forma, como ayudar a la propia Susana desde el destino. Estoy seguro de que, si Susana viera todo esto desde el cielo, también estaría feliz —respondió Ruperto suavemente. En un instante ya había escondido cualquier emoción en su mirada; sus ojos color ámbar la observaban imperturbables.
Silvina