Silvina estaba recostada en la tumbona del jardín, disfrutando del sol, cuando vio a su asistente acercarse con el teléfono en la mano.
El timbre no dejaba de sonar, insistente, como si fuera una llamada de vida o muerte.
—¿De quién es la llamada? —frunció el ceño Silvina.
Adela, la asistente, dudó un instante antes de responder:
—Este número ya llamó varias veces, Señora Leonel. ¿Desea contestar?
Silvina tomó el aparato y respondió.
En el mismo instante en que la llamada se conectó, sus ojos s