Cuando Rosa se marchó, la señora Pérez frunció el ceño y dijo de inmediato:
—Wilson, aunque esta Rosa tenga mejores condiciones que Silvina, ¡su actitud la viste bien! En nuestra familia no cabría una nuera así.
—Ay, mamá, ¿para qué dice eso? —replicó Wilson enseguida—. Yo solo le estoy pidiendo ayuda para recuperar ese dinero. ¡Cuando tengamos dinero otra vez, mujeres de todo tipo no nos van a faltar! ¿Ya olvidó lo de hace poco? ¡Había tantas chicas que se me echaban encima voluntariamente!
La