En ese momento, Rosa realmente se tragó la amargura sin poder decir una palabra.
Todo lo que había preparado con tanto esmero fue tomado por Leonel como un simple obsequio para otro hombre.
En ese instante, por fin comprendió lo que Silvina había sentido en su momento.
Si se tratara de alguien con un pensamiento normal, lo lógico habría sido sentir culpa, arrepentimiento o remordimiento por haber tratado a Silvina de aquella manera.
Pero lo extraño en Rosa era precisamente eso: ella creyó que r