En cuanto Silvina salió, los dos hombres en la sala ya no tuvieron necesidad de seguir fingiendo.
—Señor Leonel, ¿no debería darme una explicación por ese funcionario que fue destituido? —los ojos color ámbar de Ruperto se oscurecieron, llenos de descontento.
Aunque ese subdirector municipal ya no era tan importante para él, seguía siendo de los suyos. Lo que había hecho Leonel equivalía a darle una bofetada en la cara. Como dice el refrán: "Aunque sea un perro, hay que mirar al dueño antes de