Taylor Remington Miller
Maldita seas, Lila Montgomery.
Es lo único en lo que puedo pensar mientras conduzco por la carretera sinuosa que me lleva de regreso a mi hacienda. Las ruedas de la camioneta se deslizan sobre el asfalto limpio, y el silencio de la noche solo es interrumpido por el susurro lejano de los árboles y el rugido grave del motor.
Nada aquí logra disimular la incomodidad que ella provoca en mí. Ella estaba a mi lado, callada, con los brazos cruzados y la barbilla en alto como si