Taylor la besó.
Pero no fue un beso cualquiera.
Fue un ataque. Un hambre urgente. Una necesidad brutal, desesperada, salvaje. Como si, en aquel único instante, el mundo entero se hubiera reducido al espacio entre los dos… y él hubiera decidido consumirlo todo de una sola vez.
La mano grande de él se deslizó hasta la nuca de Lila con firmeza, los dedos enredándose en los hilos dorados de su cabello, atrayéndola como si dijera sin palabras: “eres mía”.
Y sus labios tomaron los de ella. No había g