Lila salió con pasos firmes hacia el jardín, los tacones resonando contra el suelo de mármol como martillazos contenidos en medio de la suavidad ensayada de aquella noche. Su postura permanecía erguida, el mentón en alto como si despreciara al mundo entero, pero por dentro, su corazón latía descompasado, desgarrando las paredes de su orgullo. La mansión Montgomery seguía vibrando entre murmullos y brindis, pero ella necesitaba escapar. Respirar. Recuperar el control que se le había escurrido en