Verdades a Medias.
Hay momentos que no se pueden ensayar, que llegan de golpe y el cuerpo los recibe antes que la mente y la mente tarda en alcanzar al cuerpo y en ese tiempo entre los dos hay un segundo donde todo se congela.
Este es ese segundo.
El pasillo del cuarto piso, el hombre a veinte metros, mi nombre en una voz que no reconozco.
Alaric a mi lado que se tensó exactamente en el momento en que yo me detuve porque ya aprendió a leer mi cuerpo antes que mis palabras.
—¿Es él? —dice en voz baja.
—Sí.
—¿Cómo