Espera.
El hospital en la mañana del viernes tiene ese movimiento específico del turno de entrada: enfermeras que se cruzan, médicos con carpetas, familias en los pasillos con esa expresión de quien lleva horas esperando algo.
Normal, todo absolutamente normal, excepto el hombre sentado en el banco frente al ascensor del tercer piso.
Lo veo antes de que me vea a mí.
Cuarenta y pico de años. Ropa común. Sin nada que lo distinga de cualquier otra persona en este pasillo.
Excepto que lleva las manos cruza