El vehículo negro se detuvo frente a un portón de hierro imponente. Dos figuras uniformadas lo abrieron de inmediato, inclinando ligeramente la cabeza al ver quién se encontraba dentro. Catalina sintió un escalofrío recorrerle la espalda al ver el tamaño de la propiedad.
La mansión Fort se alzaba en medio de una extensa arboleda, envuelta por muros de piedra gris y una atmósfera que, más que elegancia, desprendía poder… y miedo.
El coche avanzó lentamente por el camino de entrada. A ambos lado