El silencio seguía pesando en el aire cuando Axel se detuvo en medio del vestíbulo. Catalina todavía intentaba asimilar lo que acababa de vivir; el eco de sus palabras seguía resonando entre los muros como una afrenta.
Axel giró la cabeza hacia uno de los pasillos laterales.
—Viviana —llamó con voz firme, profunda, que no necesitó elevarse para imponerse.
Unos pasos discretos se escucharon enseguida. De entre la penumbra apareció una mujer de unos cincuenta años, con el cabello recogido en un m