Catalina permaneció inmóvil unos segundos más, con los dedos temblando sobre el borde de la mesa. La carpeta seguía allí, intacta, como una sombra que se negaba a desaparecer.
Sabía que si no abría, volverían a tocar. Y si no lo hacían… entonces él subiría.
Tragó saliva, se levantó despacio, y caminó hasta la puerta. Cada paso resonaba como una cuenta atrás en su mente.
Cuando giró el picaporte, el aire pareció detenerse.
Frente a ella estaba Doménech, el abogado de Axel Fort.
Traje oscuro, cor