La noche en Francia parecía extenderse sin final, espesa y húmeda como una advertencia. El reloj del vehículo marcaba la 1:17 de la madrugada. El hombre tenía los músculos tensos por el cansancio y la irritación acumulada durante horas interminables de trabajo. Lo único que quería era cerrar los ojos cinco minutos… pero la ausencia de Catalina y las palabras de la Ama de llaves lo descolocan.
—Salió hace unas horas—traga saliva— que iría a un bar como ya se lo dije.
Axel solo necesitó ese segun