Mientras tanto, en uno de los clubes de Antonio, él había decidió ir a celebrar la posible muerte de su querido primo. Antonio alzó su copa de whisky con una sonrisa satisfecha, disfrutando del sabor ardiente que le recorría la garganta.
El club estaba en su punto elevado de la noche, con la música vibrando en las paredes y las luces tenues que le daban un aire de clandestinidad al ambiente. Sus ojos oscuros, llenos de júbilo y malicia, recorrían la pista de baile y se posaban en cada detalle