Mateo caminó con paso firme por el pasillo hasta llegar a la habitación donde Aurora estaba encerrada.
Golpeó dos veces y abrió sin esperar respuesta. Bianca, que estaba sentada junto a Aurora, se levantó con tensión.
Aurora permanecía en la cama, pero su mirada ardía como fuego. Mateo sonrió con esa arrogancia característica suya.
—Bueno, princesa... es hora de que empieces a complacer al jefe —él dijo con tono burlón..
En cuanto Mateo se acercó y la sujetó del brazo, Aurora reaccionó con fu