La noche era fría en los viñedos. El viento soplaba entre las hileras de vides, removiendo las hojas y haciendo que el aroma de la uva madura se mezclara con el de la tierra húmeda. Dante y Aurora caminaban en silencio, sus pisadas amortiguadas por el suelo blando. Aurora se abrazaba a sí misma, tratando de conservar el calor en su cuerpo, mientras que Dante la observaba de reojo.
—Maldición —murmuró Dante entre dientes, deteniéndose un momento y quitándose la chaqueta para colocarla sobre los