La puerta de la habitación de Aurora se abrió con un leve chirrido, y la silueta de la ama de llaves apareció. Se acercó con paso firme hasta la cama donde Aurora estaba atada, con manos cuidadosas, quitó las esposas que Dante le había colocado apenas hace unas horas y la mantenían prisionera.
—Vamos, niña, necesitas darte un baño —dijo con voz suave pero firme, ayudándola a incorporarse. Su tacto era sorprendentemente gentil, como si quisiera transmitirle algo más que órdenes.
—No temas, G