El sol apenas despuntaba en el horizonte cuando los primeros rayos se filtraron por las cortinas de lino blanco. La habitación olía a whisky, piel y deseo consumado. Las sábanas revueltas eran el único testigo del desorden emocional de la noche anterior.
Alonzo abrió los ojos lentamente. Sentía el cuerpo pesado, pero no por el alcohol. Giró la cabeza y allí estaba Bianca, dormida, abrazada a su costado. Su cabello castaño cubría parcialmente su rostro, su respiración era tranquila. Parecía en p