Mi pequeño y revoltoso océano en medio de una gran tormenta, me lleva al baño pero no se marcha, si no que me coloca sobre el lavamanos y me observa con tanto deseo que me sorprende que aún tenga intenciones de tener sexo conmigo cuando me he orinado.
— Te ves tan hermosa estando tan avergonzada.
— Por favor, sal de aquí. — imploro, pero Maximiliano lo que hace es colocar mi cabello detrás de la oreja.
— ¿Acaso se te ha olvidado lo que acaba de suceder?
— Solo te orinaste un poco, deja el drama