La próxima vez que Arthur vio a Alison sintió que algo había cambiado, no podía asegurar si era en ella o en él mismo, o si era un cambio externo o interno. Solamente sentía como si aquello que lo cautivó en primera instancia, de pronto, desapareciera. La venda de sus ojos se cayó y, bajo su mirada, se hallaba una nueva Alison, diferente, aunque el parecido de sus fisuras fuera idéntico a la anterior.
Estaba sentada delante de él, tan cerca y, a la vez, demasiado lejos, compartiéndole acerca de