Lauren estaba pletórica, su alma y su corazón rebosaban de felicidad. Crawley la había convertido en socia luego de que retractara su intención de renuncia, convertirla en la mano derecha de la firma era su manera de asegurar que nunca más volvería a asustarlo con una renuncia. Valoraba mucho su trabajo. Y, como lo más importante del último año, se convirtió en mamá. Era irónico que hubiese tenido que atravesar toda una autopsita de dolor para abordar la felicidad, en el sentido más completo de