42. El Veneno del Deseo
El silencio de la suite se quebraba únicamente con el murmullo lejano del tráfico de Madrid. La penumbra estaba teñida por la luz cálida de las lámparas estratégicamente colocadas, y el aroma del vino tinto aún flotaba en el aire tras la cena.
La mesa conservaba copas medio vacías, platos con restos de risotto y salmón, servilletas de lino arrugadas. Todo había ocurrido en una especie de urgencia civilizada.
Ahora estábamos de pie junto al ventanal que dominaba Madrid iluminado, tan cerca que ap