93. Testimonios Demoledores
El estrado del testigo se alzaba ante mí como una isla solitaria en medio de un océano de miradas escrutadoras. Mis pasos hacia él se sintieron demasiado ruidosos en el silencio expectante de la sala, cada eco resonando contra las paredes de mármol como latidos de corazón amplificados.
—¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?
—Lo juro.
Mi voz salió más fuerte de lo que esperaba, más firme. La Dra. Josefa me había preparado para este momento durante nuestras sesiones inten