39. La Sombra Esperando
El pasillo de llegadas internacionales se extendía como un túnel interminable. Las luces blancas del techo brillaban con intensidad quirúrgica, demasiado frías para un espacio donde reinaban los abrazos y reencuentros.
Caminaba con paso firme, el bolso colgado del hombro, la barbilla erguida, la mente fija en la secuencia inevitable: un coche, la mansión, el guion forzado de un matrimonio que se desmoronaba. Todo en automático, como si mis músculos obedecieran un libreto escrito antes de que yo