40. Encuentros a Media Noche
No dormí. Ni siquiera lo intenté.
Cerca de las tres de la madrugada escuché un movimiento en el pasillo.
Max.
Reconocería ese paso entre mil.
Dudé un instante, con el corazón acelerado, preguntándome si tenía fuerzas para verlo. Pero el instinto me empujó a salir.
Abrí la puerta y lo vi bajar las escaleras, descalzo, con una camisa arrugada y un vaso en la mano. Lo seguí a la distancia.
El despacho estaba iluminado. La puerta entreabierta dejaba escapar una línea de luz amarilla. Me acerqué lo s