29. Suite Compartida
Cuando el auto se detuvo, Max salió primero sin esperar al chófer. Caminó hacia la entrada del hotel con pasos largos, furiosos.
Yo lo seguí más despacio, cada paso medido, preparándome para lo que sabía que vendría.
En el elevador, la tensión era tan densa que apenas podía respirar. Max presionó el botón de nuestro piso—sí, nuestro, porque por supuesto había arreglado que nuestras suites estuvieran en el mismo piso.
Las puertas se cerraron, encerrándonos en espacio pequeño donde no había escape