165. La Sombra de Amalia
DIEGO
Volver a la oficina se siente extraño.
El edificio de Walker Group sigue igual: el mismo cristal impecable, el mismo acero frío, la misma vista imponente de Madrid que te hace sentir el dueño del mundo.
Pero yo ya no soy ese dueño. O al menos, no de la misma manera.
Camino hacia mi escritorio apoyándome en el bastón negro. El sonido rítmico resuena contra el suelo de mármol. Mis costillas todavía protestan si respiro muy hondo y tengo cicatrices bajo la camisa que tardarán meses en borrar