162. Escombros y Diamantes
DIEGO
El mundo es demasiado brillante. Demasiado ruidoso.
Mi garganta se siente como si hubiera tragado vidrio molido. Mi cuerpo no responde; es un saco de piedras ajeno a mi voluntad. Pero mi mano... mi mano derecha tiene un ancla.
Siento el calor de unos dedos entrelazados con los míos. Siento una humedad en mi bata. Lágrimas.
Giro la cabeza, un movimiento que me cuesta un mundo, y la veo.
Ahí está. No es un sueño febril. No es una alucinación provocada por la morfina. Es Camila.
Tiene el pe