16. Visita Inesperada
La luz de la mañana me lastimaba los ojos.
Me senté en la cama lentamente, cada músculo protestando. El IV había sido removido mientras dormía, dejando solo un pequeño moretón en el dorso de mi mano.
Elena entró con una bandeja de desayuno, su expresión maternal pero cautelosa.
—Señora, el señor dejó instrucciones de que comiera todo. —Depositó la bandeja en mis piernas—. Y esto. —Extendió mi teléfono.
Lo tomé como si fuera un objeto extraño. Mi conexión con el mundo exterior. Mi libertad digita