15. Grietas en el Control
MAX
La taza de café se me cayó de las manos.
El líquido oscuro esparciéndose sobre la alfombra persa como una mancha de sangre.
Pero no me importó.
Porque Lorena no se movía.
—Lorena. —Mi voz sonó extraña, áspera—. Lorena, abre los ojos.
Nada.
Me arrodillé junto a la cama, tomando su muñeca. Su piel estaba fría, demasiado fría. Busqué su pulso con dedos temblorosos. Ahí. Débil, pero ahí.
—M****a. M****a, Lorena, despierta.
Le di palmadas suaves en las mejillas. Nada. Más fuertes. Nada.
Mi mirada