14. Entre la Obediencia y el Orgullo
La puerta se cerró detrás de Max con ese sonido que ya empezaba a odiar: el clic electrónico de la cerradura activándose. Me quedé de pie en medio de su habitación—ahora mi prisión—escuchando sus pasos alejarse por el pasillo.
Luego, silencio.
Un silencio tan denso que podía sentirlo presionar contra mi piel como el agua cuando te hundes demasiado profundo.
Caminé hacia la ventana. Madrid se extendía allá abajo, hermoso e indiferente a mi encierro. Personas yendo a trabajar, viviendo sus vidas,