120. Cuando el Cuerpo Habla
Las luces fluorescentes de urgencias son agresivas. Demasiado blancas. Demasiado frías. Max empuja la silla de ruedas por el pasillo. Siento sus dedos clavados en mi hombro, un agarre desesperado que me ancla a la tierra cuando mi mente solo quiere flotar lejos de esta pesadilla.
—Necesito que respire, señora Walker —repite la enfermera. Su voz es profesional, neutra—. Hiperventilar no ayuda al bebé.
Pero no puedo respirar. Cada inhalación se siente como una traición. Porque tal vez, en este pre