121. La Llegada de Beatriz
El silencio de la casa no es paz. Es una jaula de terciopelo.
Llevo cinco días en este sofá. Cinco días de reposo absoluto médico. Cinco días contando las grietas del techo mientras Max dirige dos imperios desde el despacho contiguo para vigilarme. Mi mundo se ha reducido a estas cuatro paredes y al latido microscópico dentro de mi vientre.
El timbre suena a las tres de la tarde. El sonido rompe la burbuja de calma artificial que hemos construido. Max aparece en el umbral del salón. Lleva la cam