106. La Mañana Después
Despierto con la sensación de haber sido atropellada.
La luz del sol se filtra brutalmente a través de las cortinas que olvidé cerrar anoche. Mi cabeza palpita con un ritmo sordo y constante; la consecuencia directa de la botella de vino que Camila, Diego y yo aniquilamos mientras diseccionábamos cada segundo de la gala.
Mi teléfono está en la mesita de noche, donde Diego insistió en dejarlo después de que alcanzara las veintitrés llamadas perdidas de Max.
Veintitrés.
Por un momento, acostada en