102. El Momento de la Verdad
El vestido rojo se ciñe a mi cuerpo como una segunda piel. Como un recuerdo. Como una declaración de guerra.
Los zapatos son Louboutin, tacones de diez centímetros que me hacen más alta y más vulnerable. Llevo un collar de diamantes que perteneció a mi abuela; el tipo de joya que comunica que los Walker no se rinden.
Me veo como la mujer que ganó el divorcio. Si tan solo me sintiera así.
El timbre suena. Es Diego. Abro la puerta y se queda inmóvil, evaluándome de pies a cabeza.
—Rojo. Perfecto.