El estudio a las seis de la tarde.
La luz había cambiado. Ya no era la luz directa de la mañana sino la oblicua de final de tarde, que entraba por el cristal como si pidiera permiso y se quedaba en la esquina del escritorio sin extenderse demasiado.
Camila había pasado el día en los planos. La cimentación del ala izquierda. Tres opciones sobre la mesa. Una correcta.
Había elegido la correcta.
El teléfono sonó a las seis en punto.
Diego.
Descolgó al segundo tono.
—Julián me mandó el resumen de t