La consulta de la terapeuta huele a las mismas cosas de siempre.
La planta junto a la ventana. La persiana a medio bajar contra el sol de la mañana. El rastro de la vela de sándalo que alguien encendió hace horas y que quedó instalado en las fibras de la alfombra de una manera que ningún aireamiento termina de sacar del todo.
Diego llega primero.
Camila llega dos minutos después. El pasillo estrecho de la planta baja. Las sillas de la sala de espera. El silencio específico de los lugares donde